Editorial content in Spanish
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Case studies
This is how we document every project: the challenge, the strategy and the metrics behind it.
Nadie estaba pagando por esos prospectos
Doe Margarita fundó y dirige su propia inmobiliaria en Bahía de Banderas, una plaza donde compite contra oficinas con estructura y contra decenas de corredores independientes que se presentan igual que ella. Su cartera incluye rentas, que es el tipo de inventario que más trabajo manual exige: cambian de estado, entran y salen, y hay que republicarlas. Ese inventario vivía en su cabeza y en Facebook, publicado a mano. El costo no era solo el tiempo; era que ninguna consulta dejaba rastro: un interesado escribía, se atendía y desaparecía en el hilo. Y había un segundo problema, que ella nombró mejor que nosotros: en su gremio todos se ven iguales. En una plaza donde la recomendación entre colegas mueve más negocio que cualquier anuncio, parecerse al resto es lo que te vuelve invisible.
El mismo cambio se capturaba tres veces
Propyte operaba con tres sistemas que no se comunicaban: el sitio público, el inventario y el CRM. Un cambio de precio o de disponibilidad se capturaba tres veces, a mano, y cada captura era una oportunidad nueva de que los tres dijeran algo distinto. Nadie mentía; el sistema simplemente permitía la divergencia. La medición tenía el mismo problema en otra capa: la pauta corría en cuenta compartida con varias marcas del ecosistema, así que no había forma limpia de saber qué campaña movía qué. Y no existía manera de distinguir un dato bueno de uno mal capturado.
Cinco lugares publicaban cuatro teléfonos distintos
Nativa Tulum se comercializa desde 2021, y el sitio llevaba esos cinco años creciendo por capas: plantillas encimadas, un widget que nadie recordaba haber instalado, y datos de contacto repetidos en sitios que no se hablaban entre sí. No es descuido — es lo que le pasa a cualquier sitio que lleva media década en operación sin que nadie audite lo que quedó atrás. El síntoma visible era el diseño. El problema real era que el sitio se contradecía a sí mismo en el dato más elemental que tiene una preventa: a qué número llamar. Además necesitaba ser bilingüe de verdad —no un traductor encima— y llevar un cotizador que trabajara unidad por unidad, no un formulario genérico.
En la clínica los pacientes ya estaban. Por su cuenta, empezó de cero.
Ricardo Morales es fisioterapeuta. Antes trabajaba en una clínica, donde los pacientes ya llegaban solos: la clínica era la que tenía el nombre, la ubicación y el flujo. Cuando decidió ejercer por su cuenta se llevó su oficio completo — y ninguna de las tres cosas anteriores. Ese es el reto real, y conviene decirlo sin maquillaje: independizarse no cuesta pacientes, cuesta la infraestructura que los traía. Lo importante para el diagnóstico es que ese no era un problema de sitio web. Nadie que se tuerce un tobillo abre Google a leer la página de un fisioterapeuta: abre el mapa y busca quién está cerca, con reseñas y con teléfono. Un sitio bonito no resuelve eso.